Ejercicio básico de meditación

  • Busca una posición cómoda (pero no tan cómoda que te vayas a quedar dormido). Yo uso medio loto, con las manos abiertas en forma de pinza sobre las rodillas (así, si te duermes, te despiertan tus propias manos al cerrarse). Pero te puedes sentar en una silla normal, o donde estés a gusto. Lo importante es que la espalda esté recta y no estés tumbado/a.
  • Elige un punto de enfoque. Normalmente se usa la propia respiración, pero vale cualquier elemento perceptible (por ejemplo, el tacto de tu ropa, la imagen de una vela, una frase o mantra… cualquier cosa que elijas de antemano).
  • Pon un temporizador. Si nunca has meditado antes, prueba esta primera vez durante solo cinco minutos.
  • Cierra los ojos y concéntrate en respirar. Si sabes realizar respiración abdominal o diafragmática, esta es la buena. Si no, limítate a inspirar y espirar como siempre, pero de manera más lento y profunda.
  • Empieza a dejar pasar tus pensamientos. No reflexiones ni te pares con ellos, déjalos fluir y pasar. No los cortes, pero tampoco te agarres a ellos; ante todo, no los juzgues. Simplemente observa.
  • Si te dejas llevar por alguno de los pensamientos, o si surge alguna distracción, regresa a tu punto de enfoque: dirige tu atención a la respiración o al elemento que hayas elegido. Se trata de ser testigo de tu propio pensar, libre de conexión emocional. No hay una meta como tal: la meditación aquí es ese proceso de observar, redirigiendo tu atención cuando sea necesario.